Un oso se avergonzó hoy al oír al señor Barna Tánczos, ministro de Medio Ambiente de Rumanía, declarar que no existe una relación directa de causa y efecto entre las talas ilegales y la aparición de osos, a veces incluso en los patios de las escuelas de las ciudades. Recordamos que la aparición de osos cerca de los asentamientos humanos es un problema acuciante en muchas zonas de montaña, sobre todo en las provincias de Harghita y Brașov. Rador recogió la declaración del ministro citando a la agencia húngara MTI.

En este contexto, Agent Green realiza las siguientes precisiones, fundamentadas en la literatura científica que muestra que la degradación del hábitat (talas legales e ilegales), el cambio climático y la persecución humana ponen en peligro la existencia de la especie oso:
Cualquier consideración sobre el control de la población por medios letales o el uso de otros métodos que puedan perjudicar la supervivencia del oso debe tratarse con la máxima cautela, dada la variedad de amenazas a las que se enfrentan los osos pardos. Los osos pardos necesitan hábitats seguros y evitar la persecución humana (Weaver y cols., 1996, Estes y cols., 2011, Ripple y cols., 2014, Darimont y cols., 2015). Un oso pardo necesita un hábitat amplio y libre de conflictos humanos para buscar alimento, pareja, refugio y lugares para la osera. Un hábitat ideal para los osos pardos debe ofrecer una distribución adecuada y abundancia de alimentos para que se desarrollen bien. Otra amenaza crítica para los osos es la incursión de maquinaria motorizada en sus hábitats (Craighead 2002).
Además, numerosos investigadores han sostenido que el cambio climático tendrá efectos perjudiciales sobre los osos al alterar aún más la disponibilidad de las fuentes de alimento en su hábitat. Sus conclusiones demuestran que el Gobierno rumano debe tratar con la máxima seriedad el impacto del cambio climático en los osos pardos. Por ejemplo, Bojarska y Selva (2012) realizaron una revisión mundial de la selección de alimentos del oso en relación con la situación geográfica (latitud, longitud, altitud) y múltiples variables ambientales, como la duración y el grosor de la capa de nieve.
Descubrieron que algunos de los «factores más importantes que afectan a la ecología alimentaria del oso pardo» eran las «condiciones de temperatura y nieve» (Bojarska & Selva 2012). Determinaron que cabe esperar que el cambio climático influya considerablemente en los hábitos alimentarios de los osos pardos mediante cambios en la disponibilidad de alimento, los patrones de hibernación, las necesidades nutricionales y energéticas y el comportamiento alimentario. El aumento de las temperaturas mundiales produce inviernos más cortos con menos nieve, sobre todo en las latitudes septentrionales y las zonas elevadas (Sagarin & Micheli 2001, Wilmers & Post 2006). El deshielo temprano reduce sustancialmente la cantidad de alimento a finales del invierno y en primavera, vital para los osos después de la hibernación y hasta que estén disponibles otros recursos alimentarios (Wilmers & Post 2006).
El cambio climático puede afectar a los hábitos alimentarios del oso pardo mediante cambios en la distribución y la fenología de las plantas. Como respuesta a temperaturas más altas, Rodriguez y cols. (2007) demostraron una disminución a largo plazo de la contribución de los alimentos boreales y templados a la dieta del oso pardo durante la temporada hiperfágica, cuando los osos pardos consumen habitualmente grandes cantidades de fruta para acumular grasa para la hibernación y una reproducción exitosa. Los cambios en el calendario y la abundancia de frutos, la recogida de frutos y bellotas y la menor disponibilidad de frutos de mayor calidad pueden tener consecuencias importantes para la dinámica de las poblaciones de osos pardos (Rodriguez y cols., 2007).
Si desaparecen los principales recursos alimentarios de los osos pardos sin un cambio correspondiente en el calendario de los recursos alternativos, podría surgir un grave déficit alimentario. (Bojarska y Silva 2012, pág. 133-4). Los estudios científicos actualmente disponibles muestran claramente que el cambio climático amenaza y seguirá amenazando a los osos pardos al alterar desfavorablemente su hábitat.
Dorresteijn y cols. (2014) estudiaron la coexistencia del oso pardo con el ser humano en Transilvania, Rumanía. Los investigadores descubrieron que «los osos y los humanos coexistían de forma relativamente pacífica, a pesar de los conflictos ocasionales». Las claves de esta coexistencia eran: 1) la disponibilidad de zonas boscosas conectadas con las poblaciones de osos de los Cárpatos; 2) el uso de la gestión tradicional del ganado para minimizar los daños causados por los osos; y 3) cierta tolerancia de los pastores a los conflictos ocasionales con los osos.
Dorresteijn y cols. constataron que la actividad de los osos no estaba relacionada con los asentamientos humanos y que las compensaciones por las pérdidas de ganado no influyen en la actitud de las personas hacia los osos.
Estos estudios indican que la relación conflictiva entre humanos y osos es reducida en las regiones de Rumanía donde las cuotas de caza y, probablemente, las poblaciones de osos son más elevadas. Es evidente que las afirmaciones de que se necesita cazar para abordar el conflicto entre humanos y osos en esta región son falsas.
La coadaptación y la coexistencia con los osos pardos de Rumanía son esenciales para la seguridad de la población humana, los animales y la agricultura.
Agent Green recomienda que el plan de acción del Ministerio de Medio Ambiente imponga firmemente la coadaptación y la coexistencia con los osos pardos de Rumanía. La coadaptación y la coexistencia deben producirse si queremos que los osos sigan existiendo; esto significa que las personas deben estar dispuestas a compartir el hábitat y tolerar el bajo nivel de riesgo que representan (Dubois y cols., 2017, Carter y Linnell, 2016, Chapron, Guillaume y cols., 2016). Las personas deben contrarrestar su propia tendencia a actuar como «hiperdepredadoras» de otras especies y sus hábitats (Darimont y cols., 2015, Chapron y López-Bao, 2016).
En 2015, un grupo de académicos, representantes de la industria y organizaciones no gubernamentales de cinco continentes se reunió en un taller de 2 días para desarrollar los primeros principios internacionales de toma de decisiones éticas en el control de la fauna silvestre. Las conclusiones de este grupo se publicaron y se resumen a continuación:
«Determinaron que los esfuerzos de control de la fauna silvestre deberían comenzar siempre que sea posible modificando las prácticas humanas que causan conflictos entre las personas y la fauna y desarrollando una cultura de coexistencia; que la existencia de daños significativos a las personas, las propiedades, los medios de vida, los ecosistemas y/u otros animales debe justificarse mediante pruebas; que los objetivos medibles y basados en resultados deben ser claros, alcanzables, supervisados y adaptables; que las reducciones previsibles del bienestar animal deben afectar al menor número de animales; que deben tener en cuenta los valores de la comunidad y la información científica, técnica y práctica; que deben integrarse en planes de gestión sistemática a largo plazo; y que deben basarse en las particularidades de la situación en lugar de en etiquetas negativas (perjudiciales, demasiado numerosos) aplicadas a las especies objetivo. Recomendamos que estos principios orienten el desarrollo de normas y decisiones y la aplicación de normas internacionales, nacionales y locales» (Dubois y cols., 2017).
Somos conscientes de que en las zonas rurales puede resultar difícil vivir con osos. Cuando se dañan las propiedades (incluidas las viviendas, los cultivos, el ganado, la silvicultura comercial, etc.), las compensaciones deberían entregarse con rapidez, con la ayuda de las autoridades locales. De este modo mejorará la tolerancia de las personas hacia los osos y se reducirán el riesgo y la frecuencia de la caza furtiva por represalia.
En situaciones extremas en las que los osos representan realmente un riesgo para la población humana y/o sus propiedades, el Ministerio de Medio Ambiente debería disponer de un plan de emergencia (a nivel nacional o administrativo) que le permita intervenir caso por caso para eliminar las situaciones peligrosas. Este plan de emergencia debería separarse definitivamente de cualquier tipo de cuotas de extracción que pudieran asignarse a los gestores y dejar claro que su ámbito específico y único es abordar los casos extremos. Los trofeos de las intervenciones aprobadas no deberían ser objeto de transacciones comerciales, evitando así las muertes fraudulentas de osos encubiertas como situaciones de emergencia.
Por ello, Agent Green considera necesario que las autoridades estatales establezcan objetivos específicos de conservación basados en objetivos ambientales, sociales y económicos: la base de una información actual y oportuna sobre las especies. Para facilitar la colaboración entre las partes interesadas, se necesitan transparencia en las decisiones y previsibilidad al establecer los objetivos, medidas y acciones propuestos. Solo así es posible facilitar el mantenimiento tanto de un clima social equilibrado como de un marco ético y no discrecional en el sistema de gestión de la población de osos pardos de Rumanía.
Además, apoyamos las propuestas de realizar estudios sobre el impacto de la recogida de setas y frutos del bosque en la población de osos pardos y de determinar el impacto de los osos pardos en las especies presa (ciervo, corzo, jabalí), con implicaciones para la caza y los sectores agrícola y forestal. Sin embargo, recomendamos que dichos estudios los realicen organismos independientes para garantizar que los resultados no estén sesgados para servir a intereses privados.



