
La opinión de Agent Green sobre la oleada de inundaciones que afecta a Rumanía este mes
Las precipitaciones récord, el cambio climático y las talas agresivas son las principales razones por las que nuestro país está sufriendo tanto estos días, y la situación no va a mejorar si se consideran los siguientes aspectos:
Actualmente existe una gran discrepancia entre la proporción del territorio nacional cubierta por bosques (29 %) y el porcentaje óptimo de forestación (40 %). Las actuaciones de forestación para aumentar el fondo forestal están hoy en su nivel más bajo de la historia de posguerra. Pero para alcanzar el porcentaje óptimo del 40 %, Rumanía debe aumentar la superficie boscosa del país de 6.929.047 hectáreas (la superficie actualmente arbolada) a 9.540.000 hectáreas: es decir, hay que plantar 2.610.953 hectáreas de nuevos bosques. Considerando la media de 157,5 hectáreas de nuevos bosques establecidos en los últimos 2 años para los que hay datos oficiales (2017-2018), el porcentaje óptimo de forestación del 40 % se alcanzará en el año 18597, es decir, dentro de 16577 años.
El volumen de las obras de ordenación de cuencas torrenciales ha llegado a su nivel más bajo de los últimos 80 años. No nos referimos a corregir los torrentes mediante modificaciones estructurales y funcionales del medio natural y la fragmentación de hábitats acuáticos vertiendo hormigón, sino a crear zonas de desagüe, remanso y estabilización de los caudales, incluidas zonas arboladas que puedan convertirse periódicamente en pantanos. Además, la mayoría de los manantiales de la llanura rumana han desaparecido por las deforestaciones producidas a lo largo del tiempo, mientras que los restantes tienen un caudal reducido y un régimen inestable.
A pesar de la intensificación de los efectos del cambio climático y de la insistencia de algunas entidades, las actuaciones para ampliar las franjas forestales de protección de los cultivos agrícolas, las vías de comunicación y los asentamientos humanos son prácticamente insignificantes.
El INS estimó la producción oficial de leña del fondo forestal nacional en unos 5.163.000 m³/año. Pero el consumo real total de leña, incluida la biomasa, a escala nacional se estima en unos 22.783.000 m³.
La enorme cantidad de madera destinada a leña y su quema en instalaciones de muy baja eficiencia energética, sin filtros para reducir la contaminación, utilizadas principalmente por la población de nuestro país, tienen una serie de consecuencias negativas desde el punto de vista ecológico, económico y social:
- Contraviene las medidas para combatir el cambio climático mediante la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero a través del uso de la madera en bienes duraderos.
- Fuente de degradación de los bosques a causa de las talas ilegales generadas por una demanda de leña superior a la cosecha de leña comercializada por los administradores y propietarios del fondo forestal, es decir, madera de pequeñas dimensiones y baja calidad. Esto tiene consecuencias directas sobre todos los servicios ecosistémicos que proporciona el bosque.
- Fuente de contaminación ambiental por el bajo rendimiento de conversión de la leña en energía térmica de las estufas ampliamente utilizadas por la población y por los contaminantes emitidos a la atmósfera, con consecuencias también para la salud de la población.
- Afecta a la cantidad de madera aprovechada con mayor valor por la industria maderera (productos de alto valor añadido y larga vida útil).
Como consecuencia de las talas excesivas de las últimas décadas, la mayoría de los bosques tienen menos de 80 años (es decir, menos de la edad de corta). En las zonas de llanura y colina existe un gran déficit de superficies arboladas. Por ello, se han reducido significativamente la calidad de vida de los ciudadanos y el potencial de los bosques para combatir los riesgos climáticos, hidrológicos y geomorfológicos, y se ha visto afectada la biodiversidad. Cada año, 20755 ciudadanos residentes en Rumanía mueren a causa de la contaminación, de los cuales 15126 por la contaminación del aire.
Los bosques de Rumanía están en declive y la silvicultura retrocede. La administración y la investigación forestales actuales tienen un rendimiento deficiente y están profundamente alteradas por la injerencia política. Las talas ilegales están fuera de control, mientras las autoridades solo detectan el 1 % de ellas. Cada año se quema más madera de la que se corta legalmente y se han construido fábricas de gran capacidad de transformación no intensiva de madera que ejercen una presión sin precedentes sobre el bosque. El fenómeno de las talas ilegales ni siquiera se ha frenado, pese a los esfuerzos de algunas instituciones del Estado y a la presión pública. No existe una justicia dedicada al medio ambiente y la legislación actual no sanciona a quienes elaboran los planes de ordenación forestal cuando clasifican erróneamente los bosques en categorías funcionales inadecuadas, provocando su degradación o deterioro.
En las últimas 2 décadas se ha reducido a un ritmo acelerado la superficie de bosques sometidos a trabajos de cuidado, pero ha aumentado la de bosques con talas agresivas (a hecho y progresivas) y regenerados de forma incompleta o con especies inadecuadas para los tipos naturales de bosque. La gestión deficiente de los bosques de Rumanía se refleja también en la proporción muy elevada de cortas sanitarias y accidentales, utilizadas para eliminar los efectos de diversos factores dañinos. Esto demuestra que las cortas de cuidado y conducción de las masas forestales y las de regeneración, que son sistemáticas, preventivas y de fortalecimiento de las masas, no se realizan correctamente o no se realizan en absoluto. Por ello deben sustituirse por cortas especiales, coyunturales, utilizadas también para cortar madera de calidad cuando se ha agotado la cuota de madera aprobada para ese año, bajo el pretexto de que se trata de madera gravemente dañada. Mediante cortas sanitarias y accidentales se aprovechan anualmente unos 2 millones de m3.
Agent Green presentará la semana próxima al presidente de Rumanía, el señor Klaus Iohannis, y al Gobierno de Rumanía, a través del primer ministro Ludovic Orban, la estrategia para los bosques de Rumanía, que incluye un análisis profundo de la situación actual.



